Pero ya le había entregado el teléfono a Antonio. A su lado, Marta también estiraba el cuello con curiosidad.
En poco tiempo, el rostro de Antonio se fue ensombreciendo y los ojos de Marta mostraban cada vez más asombro.
—Claudia... —Marta miró a su hija en la cama, tartamudeando—. Esto... tú y María, ustedes...
Antes de que terminara, Antonio se volvió gritando: —¡Claudia! ¡Explícame qué pasó anoche exactamente!
—Yo... anoche, yo... —Claudia, con cara compungida, apenas podía articular palabra.