El trayecto de regreso al penthouse fue silencioso.
Chloe apoyó la cabeza contra la ventana, observando cómo las luces de la ciudad se difuminaban mientras el auto avanzaba entre el tráfico. Se había dicho a sí misma que no lloraría, y de alguna manera había cumplido esa promesa. Pero el dolor en su pecho se negaba a desaparecer.
Cada pocos segundos, la misma imagen se repetía en su mente.
Lucien y Amelia. La sonrisa en su rostro. El sonido de su risa.
Cerró los ojos lentamente.
Tal vez había e