Habiendo finalmente avistado a su tío mientras venía a zancadas, la cara de Sarah se puso pálida. Se arrastró por la cama, luego corrió a la ventana, las tetas y los muslos gruesos volando antes de cerrar despectivamente las cortinas. Como si eso de alguna manera cambiara la situación en la que estaba.
—¡É-él me VIO! El tío m-me vio… ¡¿cuánto tiempo estuvo mirando?! —gimoteó Sarah, el corazón latiéndole en el pecho mientras pensaba en el hambre oscura en su cara—. Joder, ¿estoy soñando? —pregun