—Por supuesto que no —dijo con un giro de ojos—. A menos que quieras que te follen frente a un montón de gente toda la noche y te saltes nuestra reserva para cenar. Podemos hacer eso, pero no me apartaré de tu lado. Nunca más. Te doblaré sobre la mesa de la cocina y los dejaré mirar mientras arruino este coño si quieres que nuestra relación se haga pública. Aunque no creo que pueda salir de ti hoy —dijo, dejando besos ligeros como plumas en su cuello mientras masajeaba sus tetas.
—¿Reserva para