—Julie —susurró.
—No padre. No lo entiendes. Nunca entiendes mi dolor. Siempre me he sentido culpable por no ser el hijo que siempre quisiste. Sentí que no soy nada gracias a ti porque piensas que no lo soy suficientemente capaz para cuidar de mi manada hasta que no tenga al Alfa más fuerte de mi lado o un hijo con sangre Alfa, me siento inútil —hipó y se secó las lágrimas.
—Sólo quiero lo mejor para ti —dijo Antonio en voz baja. Era obvio que estaba tratando de no emocionarse al ver a su hija