LANA
Me senté en el borde de mi cama en la oscuridad, mirando la carta que había escrito y reescrito tres veces. Mis manos no dejaban de temblar. Aunque había planeado exactamente lo que iba a decirle a Mamá cuando llegara a casa, en el momento en que escuché su auto estacionarse, todas las palabras desaparecieron de mi cabeza. No podía bajar las escaleras. No podía mirarla a los ojos. No después de lo que había hecho. No después de haber dejado que su marido me follara sin sentido en su escrit