TROY
El pitido constante y rítmico de los monitores cardíacos era el único sonido que llenaba la tenue sala de observación, creando un camuflaje perfecto para nuestro juego de supervivencia.
Me quedé completamente inmóvil en la rígida cama del hospital, manteniendo los ojos cerrados y mi respiración lenta y superficial, como si estuviera sumergido en un sueño profundo inducido médicamente.
Debajo de la pesada manta del hospital, mis manos estaban apretadas en puños cerrados, con la piel viva de