FRANCINE
Mis manos temblaban tanto que casi dejo caer mi teléfono mientras corría de regreso a mi auto. La imagen del sótano vacío continuaba repitiéndose dentro de mi cabeza y, cuanto más pensaba en ello, más me asustaba. Cuando llegué por primera vez a la vieja casa, había tenido la esperanza de encontrar a Sebastián todavía atrapado allí para poder fingir que lo rescataba y convencerlo de que quería ayudarlo. Había planeado culpar de todo a Luis y a Arthur y hacerme pasar por la víctima. En