Cap. 43.1

Tal y como se esperaba de la Eterna Milosevic, una Eterna que por más milenios pudiera tener, siempre era la misma mujer atenta, cálida, amena, siempre un consejo y una palabra oportuna cuando se debía, nunca se le había visto molesta o alterada por algo, aunque Steffany recorría curiosamente los silenciosos corredores del recinto en busca de algo que le diera una pista de que cosas pudieran alterar a la mujer en algún momento, o algún signo de molestia, durante varios días, en sus tiempos
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