POV de Louve
Mi teléfono vibró dos veces en el asiento del pasajero antes siquiera de que regresara a la carretera principal.
Lo miré en el siguiente semáforo en rojo y sentí cómo se me fruncía el ceño.
Selin.
Contesté en la tercera vibración.
—Hola —dije.
—Hola, tú —su voz era más baja de lo habitual, despojada de ese ingenio afilado que llevaba como armadura—. ¿Sigues en la ciudad?
—Sí. ¿Por qué?
Una pausa breve.
—Necesito verte. Esta noche, si es posible. Sé que es tarde, pero…
—¿Dónde? —pre