De inmediato, Simón ordenó que enviaran la carga directamente a la Unión América, a un lugar más cercano. Allí, entregó las piezas al grupo Cape, una compañía que él había fundado. El grupo Cape tenía numerosas sucursales y negocios, entre los cuales se encontraba una cadena de tiendas exclusiva de jade.
Simón podía imaginar que, una vez que las piezas de jade llegaran a estas tiendas, en tan solo una semana, las 20,000 piezas se venderían rápidamente. Con ello, se aseguraba una gran ganancia.
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