—¿Consecuencias…? —recalcó Cassandra, su voz temblando de indignación.
Era inútil intentar hacer entrar en razón a ese hombre.
Era evidente que utilizaba a las niñas como herramientas para atormentarla, para despojarla de su capacidad de razonamiento y su calma, sumergiéndola en un abismo de enojo y desesperación, y…
¡¡El muy maldito, lo estaba logrando!!
Cassandra cerró sus manos en puños, apretando con fuerza sus temblorosos dedos, mientras la furia se reflejaba en su delicado rostro. Su