Capítulo 24: Ella no lo vale.
La habitación era un caos absoluto.
Tragos vacíos y vidrios rotos esparcidos por el suelo como fragmentos de su alma destrozada.
En el centro del desorden, Angelo se encontraba sentado en un sofá individual de su habitación.
Su mirada perdida en una mesa cubierta de documentos arrugados y fotografías.
La luz tenue de las lámparas, proyectando sombras sobre su rostro, que se mantenía inmutable, aunque en su interior cientos de sentimientos conflictivos que lo consumían.
Antonio Rossi, entró,