Lucy Katz lo miró furiosamente.
“¿Te atreves a decir eso?”.
Joel Foster sonrió y extendió su mano para acariciar suavemente las esquinas de su boca. “Lo siento, me dejé llevar y no pude controlarme. Te llevaré al doctor en un momento”.
Al escucharlo mencionar ir al doctor, la cara de Lucy se enrojeció.
Ella apretó sus dientes y dijo: “¡Cállate! No voy a ir. Si quieres ir, puedes ir tú mismo”.
La expresión enojada de la pequeña dama no parecía particularmente enfurecida, más bien era más un