Nell miró a Gideon con escepticismo y le preguntó: “¿En serio?”.
“¡Sip! Te lo juro”.
“Está bien, confío en ti”.
Gideon acompañó a Nell por un tiempo y le dio algunos alimentos líquidos según las instrucciones del doctor. Por la tarde, llegó una enfermera de maternidad para ayudarla con la lactancia.
Naturalmente, fue otra ronda de tortura.
La gente contratada por la familia Leith por suerte eran maestros experimentados. Solo duró unos minutos y toda la pesadilla terminó, al menos Nell tambi