En cuanto Alice empezó a llorar, Joshua no pudo evitar sentir pena por ella. Suspiró y la estrechó entre sus brazos. "No, por favor, no pienses eso. Es que estoy... muy ocupado con el trabajo últimamente".
Él le levantó la cabeza para secar las lágrimas de sus ojos. "No pasa nada. Ya estoy en casa".
Con la cabeza agachada, un brillo triunfante apareció en los ojos de Alice. Ella asintió dócilmente y dijo: "Está bien. Si estás ocupado, deberías trabajar. Lo único que necesitaba saber es que no