Esa primera noche espere sentada con el cuerpo pegando mis piernas contra mi pecho, con ansiedad observando fijamente el reloj marcando cada hora que transcurría toda la noche, luche contra el sueño.
—Leonid, realmente espero que vuelvas.
No sé en qué momento me quedé dormida me desperté acostada en la cama, recorrí la habitación hasta detenerme en una figura de mi esposo sentado junto a la mesa cerca del bar; una botella medio vacía en el estante.
—Leonid, regresaste.
Me levanté sintiendo mis