BIANCA
No estaba escuchando.
Lo noté más veces de las que probablemente debería, pero sus ojos nunca llegaron ni una sola vez al tablero. Ni a los libros sobre su escritorio. Ni a mí.
Me volví hacia los escasos asientos del salón de Artes y sentí el frío del silencio cuando dejé de hablar.
—Max —lo llamé—. ¿Recuerdas lo que dijimos sobre el énfasis enfático?
Parpadeó. Como si le sorprendiera que lo llamara. Aunque, en realidad, no había ninguna expresión en su rostro que confirmara que era sorp