BIANCA
—¿Te gustaría jugar un juego, mi pequeña zorra?
El frío de la noche se colaba a través de las persianas bajadas. Una taza de chocolate caliente descansaba en la mesita de noche, intacta. Las luces atenuadas proyectaban suaves sombras sobre mi cuerpo muy cubierto. Mi laptop brillaba frente a mí, mostrando la solicitud privada que me habían obligado a aceptar.
—Puedes usar los controles de voz también —dije, intentando sonar más valiente de lo que me sentía—. ¿O eres tan cobarde que no qui