Y ahí estaban, dos cuerpos sin fuerzas, pero totalmente satisfechos.
Valeria se había quedado profundamente dormida, había tenido tantos orgasm0s como nunca en su vida y su cuerpo había colapsado por ese hecho.
Ricardo se colocó de lado para observarla. Era la mujer perfecta para él y muy pronto, estaría a su lado para siempre.
Si la hubiera dejado dormida por más tiempo, por lo menos habría disfrutado más de ella.
Después de poco más de una hora, ella se desperezaba, encontrándose entre los br