Luna de Miel

A la mañana siguiente, Boston había desaparecido en la tormenta. Brandon había planeado que fuéramos de compras, pero saltaba a la vista que no podríamos siquiera salir del hotel. Así que decretó que nos quedaríamos descansando hasta el almuerzo, y luego iríamos al spa. No que fuera a negarme.

Le robé una camiseta, todas ellas blancas o gris claro, imagínense, para llevar la bandeja con los restos del desayuno

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