PRISIONERO DE TUS LATIDOS. Capítulo 12.
—¡Samara, despierta! —la súplica de Willow le revolvió el estómago, pues jamás había experimentado algo así. No era trabajo ni una tortura que pudiera soportar; era ver a su mujer con una herida en el costado que lo tenía aterrado.
Colocó la mano sobre la herida y se asomó para ver si aún estaban ahí, pero el auto había desaparecido. Esa fue su señal para tomar el arma que había recogido. Apuntó en todas direcciones, pero no encontró nada más que una oscuridad bizarra que se burlaba de él.
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