Sabrina no se atrevió ni siquiera a mirar el certificado de matrimonio.
Ella y Sebastian no sentían nada el uno por el otro, o para ser precisos, Sebastian no sentía nada por ella. ¿Qué sentido tenía un matrimonio sin amor, aunque ahora fuera la Señora Ford legalmente?
Sabrina se mantuvo cautelosa. Mientras estaba de pie justo afuera del coche de Sebastian, comenzó a hablar con calma: “Puedo volver sola. Gracias por no exigir que pague los diez millones que te debo, y también por casarte conmi