Eevonne se quedó sin palabras. Estaba tan aturdida que ya no sabía ni cómo hablar.
Sabrina sonrió. “¿Qué ocurre, señorita?”.
Eevonne sacudió la cabeza, asintió, volvió a sacudir la cabeza y volvió a asentir. Durante unos minutos no supo qué decir. Era como cuando una persona conociera a su máximo ídolo, al que nunca había visto en su vida. No, no, no, para Eevonne esto era aún más emocionante que conocer a su ídolo principal. Había una sensación indescriptible.
“¿Usted... está diciendo... que es