Al ser inmovilizada por Sebastian, Sabrina no tenía ninguna posibilidad.
Intentar dominar a su hombre era como aplastar un huevo contra una roca y esperar que el huevo sobreviviera.
Sin embargo, esa noche, Sabrina pudo sentir que las acciones del hombre eran para castigarla.
¿Estaba realmente enojado?
Sabrina no se atrevía a actuar como una mimada ni a pedir clemencia.
Solo podía soportarlo en silencio.
Después de dos horas, ella abrazó la cabeza del hombre y dijo suavemente: “Está bien, d