Capítulo sesenta y uno. ¿Te sientes solo?
—¡Un millón doscientos cincuenta mil! —gritó el primer hombre.
Emma trató de acercarse lo suficiente como para poder escuchar la voz de su marido, la máscara no ayudaba mucho, al ser una máscara completa, la voz era ronca y parecía tener eco. Aun así, lo intentó, confiando en que su corazón no podía equivocarse.
Su corazón no podía confundir al amor de su vida, no obstante, sus intenciones fueron interrumpidas por su madre.
—No es una buena idea, cariño, deja que el subastador se haga cargo —in