Leonard tenía algunas herramientas de trabajo en las manos cuando un empleado se acercó para llamarlo.
—Hay un hombre que quiere hablar con usted.
—De acuerdo, voy. —En su mente, imaginó que era Samuel, el único que conocía ese lugar, pero se decepcionó al descubrir que era su padre, cuyo coche estaba aparcado cerca.
—Sube, necesito hablar contigo —ordenó Robert.
Leonard asintió sin protestar, prefiriendo evitar interrupciones delante de sus compañeros.
—No tengo suficiente tiempo, tengo obliga