12. Qué tonto es mi hijo
Amber tenía una mezcla de emociones, estaba en camino a encontrarse con el señor Mckenzie y se sentía un poco alterada a la par de intimidada, era un hombre reconocido, exitoso e inteligente y no sabía cómo manejaría la situación.
“Pero esto no es un restaurante, ni una empresa, es una residencia, es más me parece
conocida tal vez la vi en alguna revista”, afirmó al llegar a la dirección un tanto apartada que había recibido, aquel ambiente pensaba que era muy personal pero no podía acobardarse