Dalia se quedó helada.
¡Esta villa realmente pertenecía a Isabela!
Ella y sus padres sí que habían ocupado la casa de Isabela.
Recordó que sus padres tenía otras viviendas, pero no tan grandes como ésta, y que ya estaban acostumbrados a vivir aquí. Además, el estatus de Isabela en la familia era tan bajo que hasta las criadas podían intimidarla, ¿a quién le importaba si la casa era suya o no?
Isabela alargó la mano y cogió la escritura de propiedad de manos de Dalia.
Luego llamó a la mayordoma y