Elisa, sin dudar, le respondió: —Siempre que lo necesites, solo llámame. Te ayudaré en la renovación y te aseguro que tu futura esposa estará más que satisfecha con el resultado. Pero, cuando todo esté terminado, espero un buen aguinaldo como agradecimiento.
Remy sonrió cálidamente, como solía hacerlo antes de hablar, y afirmó: —No te preocupes, te lo recompensaré generosamente.
Elisa observó su sonriente rostro, notando que siempre era así; antes de hablar, sonreía. Su sonrisa, cálida y reconfo