Franklin dejó caer su bastón al suelo, un gesto que pareció aumentar la tensión en el ambiente. Sus manos, firmes pero controladas, tomaron las muñecas de Emily, inmovilizándola contra la pared.
La mirada gris de ese hombre estaba encendida, llena de furia contenida.
—Te lo voy a dejar muy claro, Emily Sinclair —dijo ese atractivo CEO, su voz baja pero llena de amenaza—. No quiero que te acerques a Gerald de nuevo. No quiero que te dejes tocar o siquiera mirar de él. ¿Lo has entendido?
Emil