—No tienes que preocuparte por esto —dijo, su voz estaba bañada en confianza—. Todavía eres útil para mí, así que no te venderé tan fácilmente. Y en cuanto a esta situación, ¿no hay alguien perfecto para cargar con la culpa?
Una luz siniestra brilló en los ojos de Luz. No sabía aún si su plan de inyectar el virus a Ana había tenido éxito; inicialmente se había lamentado que Ana hubiera escapado. Sin embargo, ahora tenía la oportunidad de torturar a Ana lentamente, de hacerla sentir abandonada y