La desaparición repentina de Ana años atrás había dejado a Lucas como un alma en pena durante cinco largos años. Incluso después de haber encontrado a Jose, había costado mucho reunir a su familia de cuatro personas. Lucas no quería oír nada acerca de la posibilidad de otra separación.
Notando la inusual inquietud en el hombre, Ana sintió que su corazón se ablandaba. Agitó la cabeza.
—Tienes razón, hablé sin pensar. No desapareceré de la nada. Nuestros dos hijos crecerán bien con nosotros, y con