Ana seguía un poco aturdida, mirando la cara del supervisor, que parecía a punto de volverse loco de desesperación, sin siquiera haber reaccionado a lo que había sucedido.
En ese momento, un trabajador cercano vio lo que ocurría, y corrió hacia ella, arrastrándola a un lado.
Justo en el instante en que ella se apartó, una pesada placa de acero cayó exactamente donde Ana había estado parada, y después de un estruendo, el suelo se cubrió de un grueso polvo.
Los presentes en el lugar miraron la esc