Pasó un rato antes de que la anciana hablara emocionada:
—¿Eres la novia de Sebastián?
Adelina se asustó, estaba a punto de negarlo, de explicar este enorme malentendido, cuando Javier escuchó el ruido y salió corriendo alegremente.
—¿Quién está ahí?
Al ver que había otro niño, el rostro de la anciana se iluminó aún más. Abrió bien los ojos, observando con intensidad a la pareja de jóvenes delante de ella, su corazón latiendo cada vez más rápido.
Dios mío, ¿acaso su nieto "de madera" finalmente