Ana había bañado a Javier y ambos habían cambiado su ropa para lucir frescos y limpios.
Lucío los esperaba en la sala de estar, con el equipaje listo a su lado.
—Ana, he reservado el vuelo más pronto posible, deberíamos irnos —proclamó.
Ana dudó por un instante, pero luego asintió.
Aunque Isabel prometió retroceder, hacía tiempo que no visitaba a su madre. No sabía si ella había notado los sucesos recientes.
Estaría más tranquila si volvieran más temprano.
—¿Mami, estamos apurados para irnos?