—¿Por qué dices eso? Realmente no he hecho nada —Adelina se rascó la cabeza con incomodidad. De todas formas, lo de Ana, no podía revelarlo ni siquiera a Sebastián, no podía dejar escapar ni una sola palabra.
Sebastián miró a los ojos de Adelina, su mirada profunda y penetrante, como si quisiera ver a través de su corazón.
Adelina, para no parecer culpable, no tuvo más remedio que sostener la mirada de Sebastián.
La atmósfera se tornó sutil y embarazosa por un momento, hasta que Sebastián finalm