Ana, completamente inconsciente de haber metido al lobo en su casa, llamó a Lucío con gran alegría.
Lucío estaba revisando los archivos de la empresa. En estos días no había descansado, ocupado organizando esos informes y, con la ayuda de Lantit, estudiando intensamente conocimientos de gestión.
Lucío, después de todo, había ingresado a una de las facultades de medicina más prestigiosas por mérito propio, por lo que su inteligencia no era menor que la de nadie. Después de estudiar tanto tiempo,