Lucío no dijo mucho, simplemente recogió sus cosas y se fue por la puerta trasera. Al pasar en coche por el instituto, vio a un grupo de periodistas, poco preocupados por las consecuencias, interrogando al director del instituto. La mirada de Lucío se oscureció y, sujetando el volante con fuerza, sus venas se tornaron visiblemente azules.
Al regresar a casa, Lantit miraba aburrida la televisión. Al oír el sonido de las llaves en la puerta, miró con alerta.
¿Quién podría ser a esta hora?
Silencio