Ana, al ver la agitación de Teresa, no se atrevió a decir nada más, temiendo que la situación empeorara. Pronto, frente a Teresa, colgó el teléfono y lo bloqueó.
Lucas, por otro lado, escuchó el frío tono electrónico del teléfono y sus ojos oscuros se cubrieron con un velo de tristeza. Había preparado mucho para esta llamada, finalmente encontrando una excusa para preguntar sobre el estado de salud de Ana, con la esperanza de hablar con ella. Pero ahora, Ana ni siquiera quería atender su llamada