Después de recibir la noticia, Silvia se llenó de alegría, como si un gran peso que había estado oprimiendo su corazón finalmente hubiera tocado tierra. Inmediatamente tomó dinero y se preparó para la cita.
Al llegar al lugar acordado, al abrir la puerta, lo que vio fue un rostro familiar. David estaba sentado allí, mirándola con una mirada fría y distante. En su expresión había una mezcla de escrutinio y una especie de pesar.
Silvia se quedó paralizada en el sitio, incapaz de reaccionar durante