Tras esperar un rato, los demás sirvientes salieron y percibieron un olor sumamente desagradable, una mezcla de pestilencia y un tenue aroma a sangre, tan nauseabundo que provocaba vómito.
—¿Qué sucede aquí? ¿Por qué huele tan mal en la casa?
Justo cuando la criada expresaba su duda, descubrió que el origen del hedor era Luz, quien yacía en el sofá, con los ojos muy abiertos, mirando vacíamente al techo. En la comisura de sus labios había hilos de sangre, su rostro lucía feroz y aterrador.
—¡A