Gloria sonreía con desdén en su interior, temiendo que nunca llegaría ese día. El veneno que había agregado al café solo necesitaba una pequeña dosis para ser mortal, y ella lo había echado todo. Luz ya lo había bebido, incluso un sorbo era suficiente para acabar con su vida.
Sin embargo, Gloria aún no se atrevía a mostrar demasiada emoción, por miedo a que Luz notara algo anormal y decidiera ver a un médico.
—¿Qué haces ahí parada? ¡Apresúrate a limpiar el suelo! —Luz, al ver a Gloria mirándola