Ana seguía sumergida en un profundo sueño, y aunque estaba al borde de la asfixia, no había señales de que fuera a despertar.
Sin embargo, los tubos conectados a su cuerpo y los instrumentos médicos detectaron el debilitamiento de sus signos vitales, emitiendo agudos y estridentes alarmas.
Lucas, como si despertara de un trance, soltó su agarre. Al escuchar la alarma, David rápidamente entró a la habitación.
—Sr. Lucas, escuché la alarma. ¿Qué le pasó a la Srta. Ana?
—Está bien.
Lucas apartó la