Al día siguiente Anabella despertó y al parecer Jean Carlo ya se había levantado y se encontraba en el vestidor terminando de elegir el vestuario que usaría ese día, tenía la mañana y tarde cargada de juntas.
Deberías de descansar, cariño — menciono Andollini con cariño — quiero que te relajes, te quedes acostada, pediré que te traigan el desayuno — habló el hombre.
Yo quiero desayunar contigo — hablo Anabella, mirándolo con carita de “quédate”
Pediré que me suban el desayuno, y lo tomare aq