Lena y yo nos quedamos mirando la fotografía, con la respiración entrecortada, ambas esperando a que la imagen cambiara y así saber que todo era una mentira. Pero no, la imagen no cambió. La fotografía se me resbaló de los dedos. Voló hasta la alfombra color crema como una hoja moribunda.
Durante un largo momento, ni Lena ni yo nos movimos.
Lena se agachó mientras me ayudaba a recoger la foto con mano temblorosa, colocándola en la palma de mi mano.
Volví a mirar fijamente el rostro de la mujer.