En un espacio de veinte metros cuadrados rodeado de ventanas con cristales en tonalidades azules, que deja a preciar la ciudad de Orlando. La sala de juntas cae en un sepulcral silencio que, desde el último piso, se logra escuchar los vehículos transitar en las avenidas. Demitrius se ve incrédulo como cada día que pasa, y según avanza la confianza entre su asistente y su hermano, así mismo aumenta falta de interés por guardar las apariencias por lo menos delante de él.
Ann, avergonzada, disimu