Bajamos a cenar tomados de la mano, y cuando llegamos al comedor, me impresionó la atmósfera que Elizabeth había creado. La mesa estaba puesta con simplicidad elegante: no había ostentación, solo el tipo de sofisticación discreta que venía naturalmente para una familia como aquella. Platos de porcelana blanca, cubiertos de plata que claramente tenían historia, y velas bajas que creaban una luz dorada y acogedora.
"No es nada muy elaborado", dijo Elizabeth, trayendo una fuente humeante de la coc