El tiempo pareció desacelerarse cuando mis ojos se fijaron en la figura de Elise. Estaba ahí, sentada en una silla de ruedas hospitalaria, las piernas completamente inmóviles bajo una manta azul claro que no lograba esconder la realidad devastadora de su condición. Su cabello, antes siempre perfectamente arreglado, ahora estaba despeinado y sin vida, cayendo sobre los hombros de forma descuidada. El rostro que un día fue cuidadosamente maquillado para impresionar estaba pálido, con ojeras profu