Los días siguientes pasaron en una niebla de recuperación lenta pero constante. Cada mañana despertaba un poco más lúcida, un poco más fuerte, un poco más ansiosa por conocer a mi hijo. Los médicos hacían evaluaciones diarias, verificando mis reflejos, mi coordinación, mi capacidad de concentración. Cooperaba con todas las pruebas, respondía a todas las preguntas, tomaba todas las medicinas, porque sabía que cada paso me acercaba a Matteo.
En el cuarto día después de despertar del coma, Dr. Por